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Dando seguimiento al análisis que publiqué el 5 de agosto de 2021 y el 6 de octubre de 2021, ahora tocaré el tema de la deflación en un mundo hiperbitcoinizado. Como breve recordatorio, favor de hacer referencia a esta serie de artículos en donde propongo un método y una hipótesis de trabajo con la finalidad de llegar a un absurdo y concluir que un mundo hiperbitcoinizado no es posible.

>> Parte #1 | “El Caso de la Desigualdad de Riqueza” (Agosto 2021)

>> Parte #2 | “El Caso de la Escasez” (Octubre 2021)

Dicho lo anterior, en este ejercicio mantenemos la hipótesis de trabajo: “A partir de hoy el Bitcoin es la única moneda global; tiene todas las características del dinero y resguarda valor. Todas las personas y países del mundo usan únicamente Bitcoin”, y revisaremos como funcionaría la deflación bajo dicha hipótesis.

La deflación es el fenómeno en donde el dinero en lugar de perder poder adquisitivo, lo gana; es decir, un dólar hoy es capaz de comprar menos bienes y servicios que un dólar mañana. Dicho esto, hay dos temas que hay que revisar: 1) ¿Es el Bitcoin deflacionario?; 2) ¿Una moneda deflacionaria es buena o mala?

¿Es el Bitcoin deflacionario?

El Bitcoin es un activo que ha subido constantemente de precio con relación a otros bienes y servicios. De hecho, utilizando el Índice de Precios al Consumidor, podemos ver que ha subido mucho más rápido que el promedio del aumento en los precios de la economía (Gráfica 1). Eso lo hace una moneda deflacionaria.

Gráfica 1

Índice de Precios al Consumidor entre el precio del Bitcoin.

 

Fuente: Bloomberg

A lo largo de la historia, el Bitcoin ha tendido a comprar más cosas en T+1 que en T, sin embargo, ¿seguiría siendo deflacionario en nuestro mundo hiperbitcoinizado? Hay que recordar que la oferta de Bitcoin está topada a 21 millones, y cada Bitcoin NO es infinitamente indivisible (1 Bitcoin = 100 millones de satoshis¹ ). No hay más. Sin embargo, la cantidad de productos y servicios seguirá creciendo, ya sea vía innovación o vía eficiencias en la producción, es decir, habrá más productos y servicios disponibles en el futuro, pero la cantidad de Bitcoins no crecerá, por lo que, el Bitcoin se volverá más escaso respecto a los bienes y servicios disponibles en la nuestra economía hiperbitcoinizada. Esto hará que el Bitcoin se vuelva más valioso respecto al resto de cosas en la economía, aumentando su precio relativo; lo que implica que las cosas tenderán a costar menos Bitcoins conforme se vayan produciendo, dando lugar a que el Bitcoin permanezca siendo una moneda deflacionaria.

¿Una moneda deflacionaria es buena o mala?

Veamos esta pregunta desde dos puntos de vista: la del consumidor y la del deudor.

Para el consumidor suena bastante atractivo. ¡Mi dinero valdrá más mañana que hoy! ¿Quién no querría eso? Sin embargo, en la planeación de consumo del agente económico, una deflación sostenida no es una buena noticia para la economía. Si yo (agente económico) creo que mi dinero valdrá más mañana que hoy, ¿Por qué habría de gastarlo hoy? Y cuando llegue mañana, la misma pregunta permanece. Entonces, el consumo usando Bitcoins podría posponerse de manera indefinida. De hecho, en un caso de deflación extrema, tengo todo el incentivo de buscar formas alternativas de intercambio con tal de no deshacerme de mi moneda deflacionaria.

Algo similar pasó durante la Revolución Mexicana. Durante 1916 la gente decidió sentarse en sus monedas de oro y plata, las cuales mantenían su valor (ni si quiera eran deflacionarias, solo mantenían su valor) respecto al resto de los bienes y servicios de la economía, y buscaban formas alternativas de pago, por ejemplo, billetes revolucionarios (o el peso infalsificable de Carranza), los cuales perdían constantemente valor. Incluso, llegaron a instaurar una economía informal de trueque con tal de no deshacerse de sus monedas.

En ese sentido, la deflación hace que el consumidor se comporte de manera “extraña” con relación a su dinero, hasta el punto de que una economía deflacionaria tiende a morir poco a poco por falta de dinamismo (la gente no gasta su dinero). Otro ejemplo de esto es Japón. La inflación acumulada en Japón durante los últimos 30 años apenas supera el 7% (inflación promedio anual de 0.2%), mientras que su crecimiento del PIB en el mismo lapso es de 61% (1.6% anual, vs. EE. UU. que fue 250%, o 4.26% anual). La deflación (o una inflación baja) sostenida tiende a ralentizar el crecimiento económico, por lo que, no es deseable en el largo plazo.

Veamos el punto de vista del deudor. Supón que debo $1,000,000, los cuales tengo que pagar en 5 años, de manera completa y sin intereses, es decir, hoy me prestan $1,000,000 y en 5 años debo repagar $1,000,000. Asumamos que tenemos dos escenarios inflacionarios, uno en donde el promedio de inflación anual es de 5%, y otro en donde el promedio de la inflación anual es de -5% (deflación). ¿Cómo se vería mi deuda al quinto año? De manera nominal, yo seguiría debiendo $1,000,000, sin embargo, si incluimos a la inflación en el cálculo, las cosas cambian (Gráfica 2). Para el quinto año, mi deuda real (después de inflación) sería de $783,526, es decir, la persona que me prestó perdió poder adquisitivo sobre el dinero prestado, y para mí es más sencillo pagar el préstamo pues, teóricamente, hoy ganó más (en términos nominales) que hace 5 años.

Gráfica 2

2 escenarios de evolución de una deuda, con inflación y con deflación.

Fuente: Franklin Templeton

De hecho, que un Gobierno deje correr la inflación en su país es una forma relativamente común de “defaultear” de facto su deuda denominada en moneda local, pues, con una inflación alta, pagar deuda nominal es relativamente sencillo (pues hay más dinero en circulación para paliar dicha inflación).

En el escenario de deflación de 5% pasa todo lo contrario. Nominalmente sigo debiendo $1,000,000, sin embargo, de manera real debo más ($1,292,355), es decir, la persona que me prestó aumentó su poder adquisitivo sobre el dinero prestado, y para mí es más complicado pagar el préstamo pues, teóricamente, hoy ganó menos (en términos nominales) que hace 5 años.

Históricamente esto sucedió en 1870 en EE. UU. en un periodo denominado La Gran Deflación, la cual fue, en gran medida, causada por la migración del patrón bimetálico (oro y plata) al patrón oro a raíz de la “Ley de acuñación” de 1873 (Coinage Act en inglés). La deflación duró alrededor de 20 años, y causó un descontento general entre la gente de clase baja y clase media (deudores netos) pues su nivel de endeudamiento creció de manera real. De hecho, a raíz de ese evento, el patrón oro fue demonizado durante décadas, y narrativas similares regresaron a raíz de la finalización del patrón oro en pos de la moneda Fiat.

Con lo anterior, podemos concluir que una deflación sostenida a lo largo del tiempo tiende a generar un desbalance importante en las finanzas de los deudores, y esto a su vez tiende a generar descontento y levantamiento social en las clases menos privilegiadas de la sociedad.

Dado todo lo anterior, podemos concluir que una deflación sostenida a lo largo del tiempo tenderá a ser contraproducente para la economía, el consumidor y el deudor.

Conclusión

Dado que en nuestro mundo hiperbitcoinizado, el Bitcoin es, y seguirá siendo, una moneda deflacionaria, y un ambiente de deflación sostenida no genera ni dinamismo económico, ni paz social, entonces el uso del Bitcoin tenderá a causar focos constantes de inestabilidad económica y social, siendo éste un estado poco sostenible y en búsqueda de cambio, ergo, el mundo hiperbitcoinizado sería inestable y tendería a desaparecer. En ese sentido, una de las bondades más celebradas del Bitcoin (la capacidad de comprar más mañana con menos) terminaría siendo un elemento desestabilizador, por lo que el mundo hiperbitcoinizado dejaría de existir, lo cual nos hace llegar a un absurdo y demuestra la falsedad de nuestra hipótesis de trabajo.

Con esta tercera entrega termino la saga del mundo hiperbitcoinizado. La intención original de estos ejercicios era mostrar que un mundo hiperbitcoinizado no es una solución viable, y crearía problemas económicos y financieros mucho más profundos que los problemas que vemos bajo el sistema actual. ¿Cuál sería una propuesta integral para mejorar el sistema financiero y económico actual? Complicado saberlo. El problema tiene demasiadas aristas para que algo tan simple como “dinero descentralizado” lo solucione todo. Sin embargo, las criptomonedas llegaron para quedarse. Muy probablemente no bajo la idea que los “Bitcoins maxis” se han hecho, pero sí bajo un nicho muy particular que aún no termina de definirse.

Como diría la Ley de Amara: “los seres humanos tendemos a sobrestimar los efectos de una nueva tecnología a corto plazo, mientras que subestimamos su efecto a largo plazo”. Aún estamos en ese “estira y afloje” y, hoy por hoy, es muy difícil predecir en que nicho se terminará estacionando.



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