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Gran parte del debate y del análisis se ha centrado en lo que el resultado de las elecciones presidenciales estadounidenses de 2024 podría suponer para los mercados clave, sobre todo en los sectores considerados favoritos por uno u otro candidato. Dentro de este, la transición energética sigue siendo un punto de atención clave. En general, se espera que los demócratas sigan apoyando la descarbonización a través de medidas como la Ley de reducción de la inflación (IRA), límites a las nuevas expansiones del petróleo y gas, e incentivos para que los consumidores se pasen a los vehículos eléctricos. Mientras tanto, Donald Trump, el candidato del Partido Republicano, ha dado a entender que trataría de revertir estos esfuerzos, y apoyaría el petróleo y el gas a expensas de fuentes de generación más limpias. Como siempre, los detalles no son tan claros como indican los titulares. Analizamos algunos de los puntos clave del debate y lo que puede deparar un cambio de políticas.

Huelga decir que creemos que una victoria demócrata en las elecciones de 2024 se consideraría positiva para la tecnología limpia. Dada la presión que vive el sector durante 2024, esto obedecería, al menos en parte, a que los mercados descuentan ciertas probabilidades de cambios normativos con una victoria de los republicanos.

Por el contrario, una segunda administración Trump, especialmente si cuenta con el respaldo de un Congreso controlado por los republicanos, podría dar lugar a cambios legislativos que podrían obstaculizar significativamente las iniciativas de energía limpia.
Gran parte de esto se centra en las consecuencias para la IRA.

Artículos de la IRA posiblemente en peligro

La IRA se diseñó para acelerar la transición energética, sin dejar de ser «neutra desde el punto de vista de los ingresos» en general, gracias a la financiación procedente de la reducción del gasto público en medicamentos. La IRA no solo pretende lograr la descarbonización, sino también incentivar la fabricación estadounidense. De hecho, podría decirse que en muchos casos ha servido para subvencionar la producción de vehículos eléctricos, energía solar y eólica en Estados Unidos, mientras que el Gobierno ha creado barreras proteccionistas en torno a estas industrias frente a importaciones más baratas. A modo de ejemplo, en mercados como el solar o el de los vehículos eléctricos, los precios estadounidenses siguen estando muy por encima de los niveles observados a escala mundial.

A nivel general, deshacer toda la IRA sería una tarea difícil que implicaría desafíos legales que podrían prolongarse durante varios años. Creemos que si los republicanos de Trump se hacen con el control de los tres niveles de gobierno, algunos aspectos de la ley estarían más en riesgo que otros, ya que enmendar la propia ley sería más fácil que anularla. Algunas de sus disposiciones tienen un coste relativamente bajo y un gran impacto en la creación de empleo, sobre todo en los estados republicanos. Mientras tanto, otros aspectos conllevan costes poco competitivos, dependen en gran medida de las subvenciones y su creación de empleo es más limitada. Consideramos que estos aspectos son los que corren mayor riesgo de ser recortados o derogados.

A continuación exponemos nuestras reflexiones sobre algunos de los sectores que
podrían verse afectados:

La actual subvención solar (la bonificación fiscal a la inversión o ITC, por sus siglas en inglés) fue aprobada por ley por primera vez bajo la presidencia de George W. Bush en 2005 y el Congreso la ha prorrogado repetidamente desde entonces. Creemos que sobrevivió a la primera presidencia de Trump por el impacto en general positivo que tuvo en la creación de empleo en los estados republicanos, con un coste relativamente pequeño para el Gobierno. Aunque el coste de la bonificación ha aumentado con el crecimiento del mercado, el impacto actual en el empleo es mayor que nunca, con los anuncios de inversiones multimillonarias en estados como Ohio, Alabama, Tennessee y Carolina del Norte.

Creemos que las empresas solares podrían ser vulnerables a corto plazo, dada la incertidumbre política que viene, ya que algunos valores del sector cobran importantes subvenciones directas en virtud de la IRA. Este revés se sumaría a los obstáculos inmediatos resultantes de los tipos de interés y los retrasos en la conexión a la red. Como contrapartida a los posibles cambios en la IRA, estarían las mayores restricciones a las importaciones chinas que Trump ha sugerido que vendrían con su presidencia. He aquí el meollo de la cuestión: la IRA está diseñada en gran medida para crear empleos en la fabricación estadounidense en los estados republicanos para sustituir las importaciones chinas. Por tanto, subvencionar puestos de trabajo de fabricación nacional puede ser visto como la más atractiva de las dos opciones, incluso por el Partido Republicano.

Creemos que los riesgos políticos para la industria solar son modestos, dado que sigue siendo la fuente de energía abundante más barata del país y tiene un potencial de crecimiento significativo, tanto si el Gobierno concede subvenciones como si no. Creemos que la exposición en este ámbito tiene sentido, especialmente en las empresas que tienen la producción nacional de EE. UU., y creemos que podría beneficiarse de un entorno más duro para las importaciones chinas.

Vemos riesgos para el sector eólico similares a los del solar. Sin embargo, el mercado eólico terrestre está más maduro, lo que reduce los distintos resultados posibles. Un aspecto importante para la energía eólica marina, en la que los inversores esperan un crecimiento significativo, es que los precios se determinan a nivel estatal y están en gran medida libres de la intervención federal. Por tanto, es más probable que el principal riesgo para este subsector se deba a una posible orden ejecutiva que cree una moratoria sobre las nuevas aprobaciones de energía eólica marina. Una moratoria es la misma «herramienta » que utilizó el presidente Biden al asumir el cargo para impedir que se aprobaran nuevas licencias de petróleo y gas. Trump ha manifestado su oposición específicamente a la energía eólica marina. Aunque pensamos que de momento podría tratarse de retórica, la exposición a la eólica marina seguirá centrándose en las zonas en cuyo crecimiento confiamos más, como en el Reino Unido.

En cuanto a los vehículos eléctricos, sí creemos que existe un riesgo significativo de que se retiren las subvenciones en Estados Unidos. La bonificación actual de 7500 dólares a la compra parece claramente en riesgo con un presidente republicano y creemos que la mayoría de las empresas ya opera con la expectativa de que tiene posibilidades de ser eliminada a corto plazo.

Como inversores globales, confiamos en el hecho de que el mercado mundial de vehículos eléctricos se concentra en su mayor parte fuera de Estados Unidos, aproximadamente un 60 % en China y un 25 % en Europa.1 Estados Unidos ya va Regalado y, a pesar de la fuente de demanda marginal, actualmente no es determinante para el mercado de los vehículos eléctricos.

Además, la transición hacia el vehículo eléctrico se está produciendo gracias a los compromisos de las empresas para producir los vehículos, que se mantienen prácticamente intactos. Esperamos que Estados Unidos comience probablemente a acelerar la transición al vehículo eléctrico a lo largo de 2025 y 2026, a medida que los precios se vuelvan más competitivos comparado con los vehículos tradicionales con motor de combustión. Los mandatos a nivel estatal (de los que hay 31, con distintos niveles de compromiso y plazos) también respaldan un mayor crecimiento de los vehículos eléctricos estadounidenses en el futuro. Más que la posibilidad de que las tendencias se reviertan, el riesgo clave aquí es que la adopción pueda ralentizarse.

Aparte de las tres cuestiones anteriores, vemos aspectos de la legislación con mayor riesgo, en particular los que incentivan lo que consideramos áreas más especulativas, como el hidrógeno o la captura de carbono. Esperamos que las empresas energéticas sigan ejerciendo presión para conseguir subvenciones menos contundentes en este ámbito, y creemos que es una parte de la IRA con poco empleo y muchas subvenciones que sigue en riesgo. Desde el punto de vista de la inversión, no vemos probable que este sector logre un crecimiento rentable. Por tanto, esperamos seguir evitando invertir en empresas de hidrógeno hasta que veamos más pruebas de rentabilidad sostenible.

Conclusión

En conjunto, una victoria de los republicanos en las elecciones estadounidenses no respaldaría la acción global contra el cambio climático, pero podría tener un impacto menos directo en áreas clave que ya son competitivas en costes, como la solar o la eólica. Esperamos que las energías renovables y los vehículos eléctricos sigan creciendo con Trump en la presidencia, pero a un ritmo más lento que con un presidente demócrata. En muchos casos, los mandatos a nivel estatal, los compromisos corporativos y la economía son los principales factores que impulsan la transición energética, no únicamente la política federal.

También cabe destacar que, aunque el resultado de las elecciones de noviembre podría tener un efecto importante en la mayor economía del mundo, probablemente tendrá menos impacto en las perspectivas de las empresas expuestas principalmente a Europa. Europa es donde todavía vemos lo que consideramos empresas con valoraciones atractivas e impacto en el tema del cambio climático.

Las elecciones en EE. UU. tienen muchos resultados posibles y, en el equipo de gestión de carteras, seguimos debatiendo y analizando periódicamente los efectos en las carteras. Cabe señalar que la política estadounidense es solo uno de los muchos temas que generan volatilidad en cuanto a la inversión en el cambio climático. Otros temas incluyen las expectativas de tipos de interés, la política europea, la volatilidad de los precios de las materias primas y las políticas proteccionistas. Aunque últimamente se ha caracterizado por la volatilidad, seguimos considerando que este ámbito puede ofrecer lo que consideramos un valor significativo a medio plazo. Seguimos entusiasmados con las perspectivas de invertir en empresas que ofrecen los productos y servicios necesarios para descarbonizar la economía mundial.



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