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Publicado originalmente en el boletín informativo de LinkedIn de Stephen Dover, Global Market Perspectives. Siga a Stephen Dover en LinkedIn, donde publica sus reflexiones y comentarios, así como su boletín informativo Global Market Perspectives.

En lo que llevamos de 2025 ha sucedido algo gracioso.

Y no nos referimos a los aranceles ni a las guerras comerciales, ya que, al menos para los inversores, no tienen ninguna gracia.

Lo interesante es que, tras años de mal comportamiento, en 2025, los valores europeos son los más destacados de la renta variable mundial. Y creemos que es poco probable que vayan a renunciar pronto a esta posición.

A continuación exponemos por qué creemos que sigue siendo probable que el mercado de valores europeo mantenga su buen comportamiento y qué estilos y sectores consideramos que es probable que impulsen en mayor medida la rentabilidad de la cartera. Para terminar, abordaremos los riesgos a los que se enfrenta esta opinión.

¿Por qué Europa?

El escepticismo de los inversores está justificado. Después de todo, en los últimos 15 años, el conjunto del mercado europeo (STOXX Europe 600 Index) ha tenido un comportamiento mucho peor que su homólogo estadounidense (S&P 500 Index) por una diferencia del 296 % en moneda local y superior al 300 % en dólares1.

¡Ay!

Por lo tanto, hay que ser valiente o un tonto para sugerir que en esta ocasión podría ser diferente.

Bueno, tal vez las cosas sean distintas.

Después de todo, en los primeros cuatro meses y medio de 2025, las acciones europeas han subido un 8,5 %, mucho más que el mísero 1,1 % del S&P 5002.

Un análisis más detenido de las variables fundamentales, las valoraciones y otros factores sugiere que el repunte de Europa en términos tanto absolutos como relativos no es casualidad.

Desde el punto de vista macroeconómico, Europa cuenta con varias ventajas cíclicas a futuro.

En primer lugar, tras haber reducido la inflación el año pasado, el Banco Central Europeo (BCE) ha podido seguir relajando su política monetaria en 2025, a diferencia de la Reserva Federal estadounidense. Por lo tanto, el principal tipo de interés oficial en Europa se sitúa actualmente en el 2,25 %, dos puntos porcentuales por debajo del de Estados Unidos. En Europa, actualmente los prestatarios disfrutan de un tipo de interés real (ajustado a la inflación) de cero, también aproximadamente dos puntos porcentuales menor que en Estados Unidos.

En resumen, actualmente la configuración de la política monetaria es mucho más sencilla en Europa que en Estados Unidos.

En segundo lugar, la combinación de la amenaza de Rusia a la soberanía europea y la ambivalencia de Estados Unidos respecto a la seguridad mundial ha hecho que la política fiscal europea pase a la acción. En las elecciones alemanas celebradas este año se puso de relieve un cambio de ánimo patente en toda Europa a favor de aumentar el endeudamiento y el gasto para atender las inquietudes europeas en materia militar, energética y de seguridad nacional. Según el Fondo Monetario Internacional (FMI), el cambio en el saldo presupuestario estructural de Alemania en los próximos dos años supondrá un impulso fiscal equivalente al 1,6 % del producto interior bruto (PIB) y en Francia del 0,8 %. La estimación del FMI correspondiente a Estados Unidos es un lastre fiscal equivalente al -1,4 % del PIB3.

En pocas palabras, el apoyo político cíclico —monetario y fiscal— parece favorecer ahora una aceleración del crecimiento del PIB europeo en comparación con el de Estados Unidos para los próximos 18 meses.

Y los beneficios empresariales suelen ir allí donde hay crecimiento económico.  Tras un lamentable 2024, en el que cayeron los beneficios europeos (basados en el MSCI), los analistas se muestran ahora más optimistas y las previsiones apuntan a un crecimiento de dos cifras de los beneficios para este año y el próximo4. Mientras tanto, se reducen las proyecciones de beneficios del S&P 500 para 2025, y los datos recopilados por FactSet apuntan a un crecimiento de los beneficios del 9,0 % para el conjunto del año, cifra algo menor que las previsiones de beneficios para Europa5.

Las valoraciones también benefician a Europa. La comparación de las ratios precio/beneficio (PER) a un año indica que el S&P 500 se negocia con un múltiplo de 20,2, que contrasta con el de tan solo 14,2 del STOXX Europe 600 Index6.

Existen otros dos factores que pueden inclinar la balanza todavía más a favor de Europa.

En primer lugar, la renta variable europea ofrece la oportunidad de obtener ingresos, tanto mediante una mayor rentabilidad por dividendos (3,2 % frente al 1,4 %) como mediante un mayor porcentaje de acciones que ofrecen rentabilidad por dividendos (93 % frente al 75 %) que en el mercado de valores estadounidense7. Si el crecimiento mundial se ralentiza más avanzado el año, puede que las oportunidades de obtener ingresos ganen relevancia para muchos inversores en renta variable.

Por último, está el «factor X». La renta variable europea puede ofrecer cierta forma de diversificación con respecto al riesgo político idiosincrásico de Estados Unidos a aquellos inversores a los que la errática política y las medidas tanto nacionales como internacionales de Estados Unidos les genere nerviosismo. Pese a tratarse de una idea novedosa, puede tener peso, sobre todo porque los inversores han sufrido caídas simultáneas del dólar, los bonos y las acciones estadounidenses en varias ocasiones durante este año.

Cómo actuar

En la encuesta publicada recientemente que hicimos a los gestores de inversiones de Franklin Templeton, los resultados mostraron una clara preferencia por los estilos de gran capitalización, crecimiento y valor. Nuestros profesionales mostraron preferencia por sectores como la tecnología de la información, la atención sanitaria y los productos básicos de consumo.

Algunos de estos temas también resuenan en los mercados europeos. Buena parte del impulso fiscal europeo se destinará al gasto en defensa y seguridad, lo que en la guerra moderna significa armas inteligentes y soluciones de sistemas de seguridad nacional de la mano de empresas tecnológicas. También es probable que Europa siga invirtiendo en gran medida en infraestructuras energéticas, lo que incluye el almacenamiento y la transmisión. Y, como ya se ha señalado, es probable que se busquen empresas con dividendos importantes y sostenibles, incluso en el sector de los productos básicos de consumo. Por último, en la medida en que el euro se mantenga fuerte (debilidad del dólar estadounidense), lo cual podría deteriorar los beneficios de los valores europeos de mayor capitalización mediante el efecto negativo de la conversión de los beneficios en el extranjero, las finanzas ofrecen vías para participar del crecimiento europeo y la recuperación de los beneficios subyacentes.

Qué riesgos creemos que existen

El comportamiento superior de Europa no está garantizado. Como pudo observarse en marzo y abril, los repuntes de la incertidumbre lastran las cotizaciones a nivel mundial. Por lo tanto, esta opinión se vería sometida claros riesgos si resurgen los conflictos comerciales o las turbulencias geopolíticas.

Los mercados de renta variable en conjunto también podrían verse amenazados por un nuevo aumento acusado del rendimiento de la deuda pública a nivel mundial. La expansión fiscal europea, la incapacidad de Estados Unidos para frenar los enormes déficits presupuestarios y la tasa de inflación japonesa más alta en una generación ejercen una presión cada vez mayor sobre los tipos de interés a largo plazo en todo el mundo.

Por último, los beneficios europeos dependen de factores mundiales, lo que significa que una acusada debilidad del dólar (es decir, la fortaleza del euro) perjudicaría los beneficios empresariales europeos debido a la conversión perjudicial de los beneficios obtenidos en el extranjero y la menor competitividad de las exportaciones, lo cual únicamente se vería contrarrestado en parte gracias a unos menores costes de importación.



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