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Stephen Dover, del Franklin Templeton Institute, conversa con Jonathan Curtis, codirector de inversiones de Franklin Equity, sobre la inteligencia artificial (IA) y sus efectos en la economía y los mercados.

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1. Los mercados no anticipan una burbuja, sino una verdadera disrupción de la IA

La reciente volatilidad experimentada por los mercados bursátiles, sobre todo en el ámbito del trabajo del conocimiento digital y el software, apunta a una aceptación cada vez más extendida de que la disrupción causada por la IA ha dejado de ser teórica. La atención ha pasado de centrarse en si la IA transformará la actividad económica a hacerlo en la rapidez con que alterará los modelos de negocio, la sostenibilidad de los beneficios y la asignación de capital

Curtis hizo hincapié en que cree que este comportamiento del mercado no se debe a un exceso especulativo, sino a que los inversores tratan de poner precio a las perturbaciones tangibles que están atravesando la economía del software, las formas adyacentes de trabajo del conocimiento digital y aquellas empresas cuyas previsiones de beneficios dependen de planes de gasto en infraestructuras de IA potencialmente frágiles.

En esencia, este contexto refleja una conciencia gradualmente mayor de que los rápidos avances en las capacidades de la IA comienzan a traducirse en consecuencias económicas tangibles.

2. Las variables fundamentales todavía no reflejan la velocidad con la que el aumento de capacidad de la IA afecta a la economía

El ritmo de mejora de los modelos de IA continúa superando las expectativas. Las leyes de escala siguen intactas, los costes de los tókenes descienden rápidamente y el desempeño continúa mejorando en una serie cada vez mayor de tareas importantes desde el punto de vista económico.

Según valores de referencia como GDPval1 (que hace énfasis en el trabajo digital real y no en el rendimiento académico abstracto), los resultados continúan claramente al alza. En cada vez más categorías de empleos digitales aumenta la preferencia por el producto generado por la IA en detrimento de la producción humana.

3. El software es el epicentro de la disrupción

El desarrollo de software constituye la primera categoría importante de trabajo del conoci- miento digital en la que los avances en la IA se traducen en consecuencias económicas tangibles e impactantes. En los últimos seis meses, las acciones de software se han visto sometidas a constantes presiones y esta tendencia se ha intensificado con el rápido avance de las capacidades de codificación con agencia que ofrecen los principales proveedores de modelos.

La IA aumenta sustancialmente la productividad de los desarrolladores y altera la propia dinámica de oferta del software. A medida que se reducen los costes de desarrollo de aplicaciones, también lo hacen las barreras de acceso y las empresas adquieren más capacidad para desarrollar herramientas internas en lugar de depender únicamente de proveedores externos. Los inversores se centran gradualmente más en la manera en que esta dinámica afecta a los modelos de negocio de software y al mantenimiento de los flujos de caja a largo plazo

4. La competencia entre los proveedores de modelos de IA está transformando las expectativas de gasto en infraestructuras

La competencia entre los desarrolladores de modelos de IA se está intensificando con consecuencias directas en la asignación de capital, sobre todo entre los proveedores que requieren más capital y con mayores pérdidas. Los inversores se preguntan cada vez con más frecuencia si finalmente los planes de despliegue de infraestructuras anunciados acabarán ejecutándose en su totalidad.

No obstante, este escepticismo no refleja una menor demanda de IA, sino la incertidumbre con respecto a qué plataformas es probable que ganen cuota de empresas y consumidores, y cómo podría distribuirse el gasto en infraestructuras entre los proveedores. Esta incertidumbre ha hecho que las empresas posicionadas como principales beneficiarias directas de los desarrolladores de modelos individuales sean las sometidas a una mayor presión.

5. La rotación del capital es racional

Desde este punto de vista, la reciente volatilidad en el mercado parece racional. El capital rota hacia aquellos segmentos del mercado claramente beneficiados por la adopción temprana de la IA y aquellos en los que el riesgo de disrupción se considera estructuralmente menor, sobre todo en la economía física.

Repercusiones para la inversión

Curtis prevé que la volatilidad se mantenga alta a medida que la disrupción causada por la IA avanza en potentes curvas exponenciales. Esta volatilidad debe considerarse un elemento de la transición, más que una prueba de que las tendencias subyacentes flaquean.

Curtis se mantiene firme en una de sus convicciones: es probable que la demanda de cómputo de la IA siga siendo excepcionalmente fuerte. Esto justifica una inversión a largo plazo en los principales fabricantes de semiconductores, proveedores de equipos de capital de semiconductores y empresas relacionadas con la ampliación de las infraestructuras de IA en general, incluidos los suministros públicos, la industria y los materiales.

Curtis también prevé que se ha subestimado el posible aumento de la productividad para los primeros en adoptar la IA que controlen conjuntos de datos de gran tamaño en expansión que estén dispuestos a reconfigurar sus flujos de trabajo en torno a los sistemas con agencia, sobre todo en atención sanitaria, servicios financieros, servicio al cliente, marketing y tecnología.

Las limitaciones que impone el mundo real son importantes. Curtis reconoce que la disponibilidad de energía, la ingeniería y la capacidad de construcción, así como los insumos de recursos naturales, constituyen cuellos de botella, y son fuentes de capacidad de fijación de precios, crecimiento y aumento del margen de beneficios subestimadas para los proveedores bien posicionados.

Conclusión

La IA no genera pánico en los mercados, sino que creemos que tratan de asumir la repercusión económica de la rápida aceleración de las capacidades de esta tecnología. El software es el primer sector en notar esta presión, aunque no será el último. Los inversores deben distinguir el riesgo de disrupción exagerado de aquellos segmentos en los que la demanda impulsada por la IA, sobre todo de computación e infraestructuras, sigue siendo a largo plazo.



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