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La estrategia de inversión nunca es fácil, pero hemos empezado este año con una extraordinaria confluencia de factores cambiantes: tecnológicos, económicos y geopolíticos. Entender cómo evolucionarán e interactuarán resulta fundamental para la asignación de activos.

La revolución de la inteligencia artificial (IA) y su impacto potencial desempeñan actualmente un papel dominante en los mercados de activos. Tiene el potencial de reconfigurar nuestra economía y alterar la mayoría de los sectores, pero está sujeta a una fuerte incertidumbre real y avanza a gran velocidad. Incluso para los inversores financieros ágiles, es difícil mantenerse al día.

Durante la mayor parte del año pasado, el tema principal fueron las enormes inversiones para crear modelos y capacidades de IA. Los inversores elevaron rápidamente las valoraciones de las empresas que ofrecen los «picos y palas» de la revolución de la IA: Nvidia y los gigantes tecnológicos que desarrollan modelos de IA. Sin embargo, más recientemente, el enorme volumen de las emisiones de deuda que sustentan esta ola de inversiones en IA se está convirtiendo en una preocupación importante para los mercados. La atención también ha pasado a centrarse en las empresas y sectores que podrían verse afectados por la competencia de la IA, como el software. Aquí existe gran incertidumbre y un riesgo evidente de reacciones exageradas a corto plazo.

Previsión de inversión en activo fijo (capex) de los hiperescaladores

2019-2030 (Previsión)

Fuente: Bloomberg. Análisis de Franklin Templeton Fixed Income Research. A 19 de febrero de 2026. Un hiperescalador es un proveedor de servicios en la nube a gran escala que ofrece enormes recursos de informática, almacenamiento y redes a través de servidores interconectados, y puede escalar rápidamente los servicios para satisfacer la demanda de los usuarios. Los años 2027 a 2030 muestran estimaciones. No hay garantía de que las proyecciones, previsiones o estimaciones vayan a cumplirse.

El enfoque en los posibles perdedores se debe en parte al hecho de que, hasta ahora, cuesta identificar las empresas y los sectores que pueden lograr un gran aumento de la eficiencia gracias a la IA. Esto se debe a que la adopción de soluciones de IA a gran escala probablemente requerirá más tiempo. Las empresas han de identificar los modelos y soluciones de IA correctos para sus áreas críticas; tendrán que reorganizar los procesos y las operaciones y socializar la adopción. También es probable que la adopción no sea uniforme entre las distintas empresas y sectores.

A medida que la IA acelere el ritmo, la situación seguirá cambiando, pero identificar los sectores y las empresas que pueden ganar o perder con la revolución de la IA es una prioridad clave para la asignación de activos.

Un segundo factor crucial es la distribución diferencial de las oportunidades de inversión en la economía mundial. Aquí, la noticia más importante en materia estructural es el crecimiento persistente de los mercados emergentes. A lo largo de la última década, y especialmente después de la COVID-19, muchos mercados emergentes han aplicado políticas fiscales y monetarias prudentes, en claro contraste con las economías avanzadas. Como resultado, la clase de activos emergentes ya ha demostrado su capacidad de resistencia a las perturbaciones macroeconómicas mundiales y ahora debería encontrar un entorno macroeconómico más favorable en 2026. Por tanto, por lo que respecta a la deuda soberana de los mercados emergentes, veo margen para una mayor reducción de los diferenciales, ya que las políticas fiscales siguen siendo prudentes en general y el impulso de la reforma económica continúa. Mientras tanto, creo que es probable que la deuda corporativa de los mercados emergentes se mueva dentro de un rango.

Europa parece atractiva, pero está por determinar si esto va a ser solo algo cíclico o se convertirá en algo estructural. A corto plazo, las economías europeas deberían beneficiarse de la reactivación de las políticas de inversión y el gasto en defensa. La geopolítica desempeña un papel importante, ya que los líderes europeos han coincidido en la necesidad de reforzar las propias capacidades de defensa del continente. Sin embargo, para que esto se convierta en algo estructural, los gobiernos europeos tendrán que abordar reformas estructurales pendientes desde hace mucho tiempo, incluidas las reformas relacionadas con el gasto público. La racionalización de las redes de seguridad social parece indispensable para generar el margen fiscal necesario para impulsar la inversión pública a largo plazo. Y simplificar la normativa podría contribuir en gran medida a liberar el potencial de innovación e inversión del sector privado. En ambos frentes, Europa ha decepcionado sistemáticamente. Gracias a la geopolítica, hay más esperanzas de que esta vez pueda ser diferente.

Sigo siendo más optimista que el consenso acerca de la economía estadounidense. Las familias han exhibido una resiliencia fiable. El auge de la inversión en IA continúa y la inversión empresarial parece estar ampliándose más allá de la IA. El crecimiento de la productividad se ha acelerado. Por último, pero no menos importante, una nueva ola de estímulos fiscales debería servir de impulso en la primera mitad del año.

Sin embargo, la política fiscal es también el principal motivo para ser prudentes a largo plazo. Se prevé que el déficit fiscal siga en torno al 6 % del producto interior bruto (PIB) durante los próximos años. Con la deuda pública rozando el 100 % del PIB y los crecientes riesgos para los tipos de interés, este es el talón de Aquiles de la economía estadounidense. Puede minar la confianza, ejercer presiones al alza sobre los costes de financiación y aumentar el riesgo de una fuerte subida de impuestos en el futuro.

El dólar estadounidense ha seguido bajo presión debido a su valoración todavía fuerte y a la preocupación por la polarización política y la fortaleza de las instituciones estadounidenses, además de por la geopolítica. Una actitud más agresiva de la política exterior de EE. UU., a menudo basada en sanciones financieras, ha reforzado los incentivos para que más países reduzcan su dependencia de las reservas de divisas del dólar estadounidense (USD) y del sistema financiero dominado por el dólar. Hay límites hasta qué punto un país puede desvincularse del dólar, que sigue teniendo una cuota dominante en las reservas mundiales de divisas, los flujos financieros y los pagos comerciales. Pero, sí reduce ligeramente el atractivo del dólar estadounidense (USD).

Por tanto, en general, creo que el entorno macroeconómico y geopolítico seguirá favoreciendo cierta diversificación fuera de EE. UU. en cuanto a la exposición soberana, corporativa y a divisas, y los mercados emergentes ofrecerán algunas de las oportunidades más interesantes. Sin embargo, yo no iría demasiado lejos, dada la falta de alternativa creíble a la intensidad y la liquidez de los mercados de activos estadounidenses, especialmente si se apoyan en un tema de fuerte crecimiento.

Para concluir, también me gustaría reiterar mi opinión de que es probable que la inflación se mantenga persistentemente por encima del objetivo, pues el crecimiento sólido y las señales de estabilización que emite el mercado laboral parecen indicar que el ciclo de relajación de la Reserva Federal ha llegado ya a su fin.



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