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Finanzas desde cero | T1 – EPISODIO 1

Consumo, ahorro e inversión

Finanzas desde cero. Un podcast en español de Franklin Templeton México.

Alejandro Vargas: Hola y bienvenidos a Finanzas desde cero, un espacio de Franklin Templeton México en donde hablaremos de finanzas personales y de inversiones con un lenguaje práctico y sencillo. Como siempre, me acompaña mi buen amigo Luis Gonzalí, Director…

Luis Gonzalí, CFA: …de Inversiones para la Oficina de México. Y bueno, conmigo también Alex Vargas…

Alejandro Vargas: …Instructor de Educación Financiera para la Academia de Franklin Templeton.

Luis Gonzalí, CFA: Perfecto. Y hoy, en el primer capítulo de este podcast vamos a hablar… dijimos que íbamos a hablar de lo básico, básico, ¿no?

Alejandro Vargas: Correcto.

Luis Gonzalí, CFA: Entonces, vamos a hablar de consumo, ahorro e inversión. Lo más básico que hay cuando hablamos de finanzas.

Alejandro Vargas: Que realmente, a lo que estamos apuntando, es a definir lo que es la libertad financiera.

Luis Gonzalí, CFA: Que es un tema que a mí no me encanta… más bien, es una frase que a mí no me encanta porque creo que está muy dicha por todos estos influencers que hay en redes, “alcanza tu libertad financiera”. ¿Qué es eso de la libertad financiera? Realmente, siento que ya es un punch line, una línea para jalar clics. Pero, en realidad ¿tú que entiendes por libertad financiera?

Alejandro Vargas: Estoy muy de acuerdo contigo en que el tema, o el término, se ha prostituido, por decirlo así, en el sentido de que despierta este deseo de las personas de lograr esa panacea, ese lugar en donde ya no tienes que preocuparte por tus finanzas. Pero, si me preguntas a mí, la libertad financiera se reduce a dos variables muy importantes: ¿cuánto dinero ingresas? y ¿cuánto estás gastando? La diferencia entre esas dos variables va a determinar qué tan solvente eres o qué tanta capacidad tienes para poder hacer inversiones o para poder satisfacer cualquier otro deseo. Entonces, entre más amplia sea la diferencia entre ingreso y gasto, para mí, ahí está la libertad financiera. ¿Para ti, qué significa?

Luis Gonzalí, CFA: Yo, más bien, no lo definiría tanto como la diferencia entre ingreso y gasto, porque al final del día lo que quieres… o sea el dinero, el dinero es un medio, no es un fin.

Alejandro Vargas: Correcto.

Luis Gonzalí, CFA: Entonces, al final del día, si quieres gastar… o sea, más bien, si quieres ingresar, pues, para poder tener una vida decente.

Cuando estábamos preparando este capítulo, hablábamos de que, generalmente, cuando aumenta nuestro ingreso también aumentan nuestros gastos. Pero también tiende a aumentar nuestra satisfacción. No es lo mismo ganar diez mil pesos y decir “bueno sí me alcanza”, que ganar veinte y decir “bueno, pero ahora aumento o expando mi calidad de vida para que esos veinte me los pueda… o pueda comprar cosas, o pueda tener experiencias un poquito más relajadas”.

Más que libertad financiera, yo te diría… yo cambiaría la palabra “libertad” por “paz”. Paz financiera.

Alejandro Vargas: Me late.

Luis Gonzalí, CFA: ¿Qué es lo que te permite dormir en la noche? ¿Qué es lo que te permite estar tranquilo contigo mismo? Y eso, si bien tiene que ver con el ingreso, también tiene que ver con el gasto y con el ahorro.

Alejandro Vargas: Correcto, que creo que la clave ahí está en la parte del gasto o en la parte de los hábitos del consumo. Hablabas ahorita de que, cuando una persona comienza a percibir un ingreso mayor, comienza a gastar más. A eso se le conoce como el efecto riqueza.

En realidad, cuando una persona comienza a ganar más, la idea debería de ser que no ajustes tu gasto al ingreso, sino que comiences también a privilegiar un poco el ahorro y la inversión. Poner a trabajar el dinero de manera intencional.

Pero, como bien te digo, la clave para mí está en los hábitos de consumo, porque éstos van a determinar qué tan amplia va a ser esa diferencia entre ingreso y gasto.

Luis Gonzalí, CFA: Ahora empezaría primero… o sea, dado que estamos hablando de consumo, ingreso, gasto e inversión, empezaría primero con el ingreso.

Alejandro Vargas: Comenzamos con el ingreso.

Luis Gonzalí, CFA: Tendemos a, digamos por contabilidad mental, por cómo estamos… o cómo solemos pensar, tendemos a dividir el ingreso en dos partes. El ingreso formal, que es el que generalmente se gana con el trabajo. Ya sea que, si eres emprendedor, pues con el dinero que te entra de tu empresa; o si eres empleado, pues con la quincena.

Dicen que las tres grandes drogas, o que los tres grandes vicios, son los carbohidratos, la cocaína y el ingreso mensual. No podemos vivir sin ellos. Una vez que te enganchas, más bien, ya no puedes vivir sin ellos. Entonces, ese es el ingreso formal, y ese generalmente lo hacemos para gastos formales.

Y luego tienes el ingreso informal, que es generalmente lo que te llega por otros lados. Ya sea: di una clase y me pagaron por haber dado esa clase, o gané una apuesta, o cualquier otra.

Alejandro Vargas: Vendí cosméticos.

Luis Gonzalí, CFA: Exacto. Generalmente, ese ingreso lo tendemos a poner en la cabeza como ingreso informal. Y genera como…

Alejandro Vargas: …como adicional, como un ingreso adicional.

Luis Gonzalí, CFA: Pero también la forma en la que etiquetamos el ingreso es la forma en la que solemos gastarlo. Generalmente, el ingreso del sueldo lo gastamos en renta, lo gastamos en luz, lo gastamos en el coche, en la hipoteca, en lo que sea. Mientras que el ingreso informal — la apuesta que gané o el ingreso que no esperaba —, como las utilidades, o el… ¿cómo se llama…?

Alejandro Vargas: El Fantasy de aquí de la oficina.

Luis Gonzalí, CFA: El Fantasy, exacto, los partidos de fútbol americano en los que ganas la apuesta, etcétera. Eso dices: “Ok, es dinero extra que no esperaba” y entonces me lo gasto en otras cosas.

Alejandro Vargas: En cualquier cosa.

Luis Gonzalí, CFA: En un gasto más superficial. “Yo invito hoy la cena a mis amigos” o “no tenía pensado hacer un viaje, pero pues me llegó esta lanita y pues nos vamos de viaje”.

Entonces, en lugar de tratarlo como ingreso formal, lo tratamos como ingreso informal, y eso está mal. Porque, al final del día, es ingreso. Entonces, lo primero que les diría sería: trata el ingreso formal o informal por igual.

Si tú dices “voy a destinar veinte por ciento de lo que me cae de sueldo al ahorro”, también aplícalo para el ingreso informal: para la apuesta que ganaste, para la clase que diste, para las utilidades, para el aguinaldo, etcétera.

Alejandro Vargas: Por ahí tenemos nosotros un marco presupuestario, o un marco de orden para las finanzas personales, que le llamamos el presupuesto cincuenta, treinta, veinte.

Hablabas del veinte por ciento de ingreso; treinta por ciento destinado al gasto discrecional o aquellas cosas que son más placenteras para ti, para hacer que tu vida sea más disfrutable; cincuenta por ciento para gasto de supervivencia, todo lo que es indispensable. De ahí se habla que la vivienda, el trabajo, perdón, la vivienda, el transporte y los alimentos son los tres rubros que succionan más dinero de esta bolsa presupuestaria. Cualquier reducción o ajuste en estos tres gastos pudiera representar un ahorro considerable.

Pero la idea es ese veinte por ciento de ahorro: atinarle a ese veinte por ciento o llegarle a ese veinte. Muchas personas podrían decir: “Mi capacidad financiera ahorita no está para poder ahorrar un veinte por ciento”. Está bien, comencemos con un uno, un dos por ciento, y de ahí, cada año, ir tratando de hacer lo posible para ir incrementando dicho monto.

Porque a final de cuentas, el ahorro — y aquí me gustaría preguntarte — para mí es el insumo de las inversiones, ¿correcto?

Luis Gonzalí, CFA: Pues creo que sí. Al final del día, si quieres empezar a invertir, pues tienes que tener un capital ahorrado.

Antes de tocar ese tema, yo iría un poquito más atrás. Le diría: “A ver, definimos el ingreso, vamos a definir el gasto”.

Alejandro Vargas: Gasto, claro.

Luis Gonzalí, CFA: El gasto, para mí, debería ser… a ver, generalmente, debería estar en función de cuánto se ingresa y cuánto se ahorra. Es decir, generalmente el mexicano promedio, la persona promedio lo que hace es: ingresos menos gastos, y si sobra, lo ahorro. Debería ser al revés. Se debería hacer: ingresos menos ahorro, y lo que me sobra, lo gasto.

Tú decías un objetivo del veinte por ciento, pues probablemente sea elevado al inicio. Podemos empezar con algo menor, pero una vez que nos comprometemos con un porcentaje, que ese porcentaje se cumpla y lo que se ajuste no sea el ahorro, sino el gasto.

Obviamente, va a haber días en donde, por alguna emergencia, vamos a tener que gastar más, y entonces el ahorro nos va a servir como un colchoncito justamente para poder lograr ese gasto, pero en una emergencia, vaya. Salir todos los domingos a comer no es una emergencia; ir al cine tres veces a la semana no es una emergencia; ir a un concierto tampoco es una emergencia. Tener que pagar el deducible de tu seguro de gastos médicos o una ida al hospital, eso sí es una emergencia, y ahí se vale.

Pero debería estar en función… el gasto debería estar en función del porcentaje de ahorro que ya te comprometiste a apartar.

Alejandro Vargas: Sí, me encanta. Me encanta esa ecuación porque cambias el orden, y entonces privilegiamos el ahorro como una variable que va a determinar cuánto podemos gastar, a final de cuentas.

De ahí, me iría yo un poquito a hablar de los tipos de gasto. Sabemos que hay gasto fijo y gasto variable, pero también, por ahí, escuché algo sobre gasto semilla y gasto fuga. Gasto semilla implicaba cualquier gasto que, de alguna manera, abone a algo favorable o positivo para ti, como un gasto en educación, como invertir en alguna habilidad o en algún lenguaje, algún idioma. Eso sería un gasto semilla.

Un gasto fuga sería aquellos que realmente no aportan un valor a la persona, como irnos de fiesta con los amigos, a la mejor irnos al cine una o dos veces a la semana, cosas por el estilo. Entonces también vale la pena hacer esta distinción entre sí.

Luis Gonzalí, CFA: Sí, estoy de acuerdo, aunque yo lo llamaría de otra forma. Yo… o sea, porque siento que la palabra “gasto” viene con un estigma…

Alejandro Vargas: Con una connotación…

Luis Gonzalí, CFA: Una connotación negativa.

Alejandro Vargas: Claro.

Luis Gonzalí, CFA: Yo estoy deshaciéndome del dinero para gastar. Sin embargo, yo creo que, por ejemplo, pagar la hipoteca no es un gasto; al final del día, estás invirtiendo en un bien raíz. Aunque vivas en él, al final del día, te estás haciendo de un activo. No es como ir al cine, o un gasto discrecionario. Irme de vacaciones… o sea, sí está padre, está bonito, conocer otros lugares, te relajas, pero al final del día, no... después de tu vacación no hay un activo detrás que te va a reportar una utilidad. No es comprar una casa, no es comprar un coche, no es comprar educación. O sea, a eso le puedes sacar jugo; a tu viaje, pues, vas a tener anécdotas, vas a haber aprendido algo, fotos, está padre, vas a tener likes en Instagram, pero eso no te reditúa realmente en un activo.

Alejandro Vargas: Entonces nos podemos alejar de la palabra “gasto” y decir inversión, experiencias, activos…

Luis Gonzalí, CFA: Yo diría que hay gastos que… pues no gastos, más bien desembolsos que te generan un… o sea, que tienen un potencial de generarte más después. Estás invirtiendo en activos, donde pueden ser activos intangibles, como es la educación, o tangibles, como es una casa. Y después, gastos destinados al consumo, que esos no te traen beneficios posteriores.

Alejandro Vargas: Valor, que creo que, a final de cuentas, cuando hablamos de economía siempre hablamos de que los recursos son escasos, son limitados, y lo que tratamos es de tomar decisiones de tal forma que maximicemos el valor que nosotros estamos generando por cada uno de esos gastos o ese desembolso que estamos haciendo.

Luis Gonzalí, CFA: Exacto. Y ahí creo que podría caber la idea del endeudamiento que hablábamos al inicio. O sea, puede haber un endeudamiento… digamos que un endeudamiento bueno es un endeudamiento que se hace para adquirir activos que después nos van a regresar esa deuda.

Cuando inviertes en educación, pues puedes ganar más después y eventualmente pagas la educación o el gasto en educación que hiciste. Y mismo caso en una casa: se aprecia, si te quieres ir a vivir a otro lado, vendes tu casa y te regresa la inversión. No es dinero perdido.

Tus vacaciones, una vez que las gastaste, nadie te las va a regresar salvo que seas influencer de viajes y entonces, pues, hace sentido que te vayas de vacaciones, pero eso ya es tu chamba.

Entonces, hay deuda buena y deuda mala. O la deuda destinada al consumo creo que es deuda que no debería ser. A ver, ahorita hay ejemplos: hoy por hoy, en Estados Unidos puedes comprar tu pizza a tres meses sin intereses. Es una estupidez.

Alejandro Vargas: Sí, hemos hablado también de eso en algunos cursos, donde utilizamos esta herramienta de los meses sin intereses, pero solamente para aquellos insumos o aquellas cosas cuya duración va a ser mayor al periodo en el que vamos a estar incurriendo la deuda. Entonces, cuando hablamos de meses sin intereses, reservarlo para un coche, para un refrigerador, o cualquier otro electrodoméstico, algún mueble… cosas que van a tener un valor o una duración o una vida muchísimo más amplia que el periodo que voy a estar pagando esos intereses o esa deuda.

Luis Gonzalí, CFA: Exacto. La pizza la comes, al día siguiente te deshaces de la pizza…

Alejandro Vargas: Y sigues pagándola…

Luis Gonzalí, CFA: Y sigues pagándola durante tres meses. Esa es una locura.

Alejandro Vargas: Sí.

Luis Gonzalí, CFA: Definitivamente. Entonces, ya definimos ingreso, definimos gasto, ahora sí: el ahorro. El ahorro es… pues, a ver, técnicamente, o lo que nos han enseñado, es que es el diferencial…

Alejandro Vargas: …es el excedente.

Luis Gonzalí, CFA: …del gasto. Y lo que proponíamos hace rato es cambiar…

Alejandro Vargas: …cambiar el orden.

Luis Gonzalí, CFA: Cambiar la ecuación y decir: el ahorro debe ser… más bien, el gasto debe ser el diferencial entre ingreso y ahorro. Hoy tú decías: “Ok, un objetivo de veinte por ciento”. Muchos no están acostumbrados a decir: “¡Ah, bueno, ya voy a dejar de ganar veinte por ciento y lo voy a meter al ahorro!”, porque, además, no estamos acostumbrados a postergarlo; queremos todo hoy.

Alejandro Vargas: Sí, creo que ahí estamos hablando de dos cosas. De dos… sí, dos variables. La primera, la parte psicológica de no querer sacrificar un placer inmediato por una recompensa a largo plazo. Y esa es una parte un poquito más biológica, más anatómica, de la que vamos a hablar también en algún episodio de este podcast.

Pero la segunda viene de la parte cultural: de una persona, de cómo es educada para manejar el dinero, qué concepto, qué relación tiene con el mismo. Y para una persona que ya está acostumbrada a gastar de cierta manera, de repente hacer ese ajuste y tratar de ahorrar un veinte por ciento de ese ingreso pudiera ser un reto bastante difícil.

Luis Gonzalí, CFA: Exacto. Y ahí es donde todo mundo se topa con pared. Es como… digo, a ver, creo que todos hemos intentado hacer dieta. Llega un momento así: a principio de año le echas todas las ganas, pero después llega un momento en que te hartas, dices: “A ver, yo… o sea, no estoy viendo resultados”. Porque, además, cuando ahorras no es así: ahorras y al mes ya eres rico. Tardas diez, quince, veinte, treinta años en generar un patrimonio. Entonces, tienes que cambiar un mindset, o sea, tu mindset tiene que ser de largo plazo. Mismo caso con la dieta: llega un momento en que, después de tres semanas, un mes, dos meses, dices: “Ya quiero carbohidratos”.

Entonces, llegar a ese veinte por ciento que decías de objetivo luego no es tan fácil. Pero lo que se puede hacer es…

Alejandro Vargas: …comenzar pequeño

Luis Gonzalí, CFA: Comenzar pequeño e ir, vía incentivos, aumentándolo. Aquí en Franklin hemos diseñado o ayudado a diseñar varios planes de pensiones de empresas que justamente se topan con este problema.

Implementas un plan de pensiones en una empresa y dices: “Ok, quiero que mis empleados empiecen a ahorrar. No los puedo obligar, pero ¿cómo los incentivo?”. Entonces, lo que puedes hacer es: a fin de año viene un aumento de la inflación y les dices a tus empleados: “La inflación fue cuatro por ciento, ¿por qué no destinas dos por ciento al ahorro y tienes dos por ciento más para gastar el siguiente año?”.

El empleado dice: “Ok, el siguiente año voy a ganar más, un poquito más, pero también voy a empezar a ahorrar”. Y cada año lo que pueden hacer es justamente eso: empezar a ahorrar un poquito más con esos aumentos que se dan al final de año por la inflación.

Entonces, la inflación el siguiente año fue otro cuatro por ciento, pues destinas uno por ciento al ahorro; ya no estás ahorrando dos, sino tres por ciento, y el siguiente año también estás ganando más. Entonces no se siente, no estás sacrificando, digamos, ingreso o gasto, y estás ahorrando más.

De hecho, este modelo lo usamos aquí en Franklin para diseñar fondos de pensiones, pero no es nuestro. Este modelo lo propuso Richard Thaler, Nobel de Economía, especialista en finanzas conductuales, y sirve bastante para incentivar a las personas a ahorrar más, a ir aumentando su ahorro paulatinamente sin que lo sientan.

Alejandro Vargas: Sí, y mi sugerencia ahí sería también aprovechar aquellas herramientas que están a nuestra disposición y que nos permiten automatizar el ahorro. Porque, en el caso del producto que hablabas del fondo de pensiones, la persona realmente no siente o no percibe una diferencia significativa en su ingreso, lo cual hace que el ahorrar sea un poquito más… sino placentero, más aceptable.

Entonces, en ese sentido, aprovechar herramientas de ahorro automático, en donde inmediatamente cuando te cae tu ingreso, tu quincena o tu mensualidad, que se deduzca un cierto porcentaje para ir a una cuenta de ahorro, a un plan de inversión, a un instrumento, sería una excelente manera de comenzar a crear ese hábito sin realmente tener que hacerlo intencionalmente, sin tener que quebrarte la cabeza para descifrar cómo lo vas a hacer.

Luis Gonzalí, CFA: Sí, exacto. Entre menos fricción haya en la toma de decisiones, más fácil va a ser. Tú ya sabes que te va a caer y te van a deducir ese dinero. Ya estás.

Alejandro Vargas: Ajustas tu consumo.

Luis Gonzalí, CFA: Ya no tienes que tomar la decisión, porque la decisión ya la tomaste hace mucho tiempo y la maquinita se encarga de hacerlo por ti.

Alejandro Vargas: Exacto, exacto.

Luis Gonzalí, CFA: Entre menos fricción haya, mejor.

Alejandro Vargas: Sí. Y nada más para cerrar ahí la parte del ahorro me encantaría mencionar — porque hablaste en un momento de pagar el deducible del auto —, que es un gasto inesperado, que normalmente la persona no tiene contemplado…

…entonces, en la medida de lo posible, si llegamos a ese veinte por ciento del ahorro, que ese ahorro se divida en cuentas. Una cuenta de emergencia que tenga por ahí el equivalente a unos dos o tres meses del ingreso y específicamente para atender estas emergencias o estos imprevistos financieros y poder solventarlos sin ningún problema.

Tener una segunda cuenta, un poquito más a mediano-largo plazo, a lo mejor con un objetivo específico: la compra de una casa, la compra de un auto, el financiar la universidad de los hijos.

Pero sí o sí tiene que haber una tercera cuenta, sobre la creación del patrimonio en vías de planificación para la jubilación. Si eres una persona que trabaja en un empleo formal, tienes tu Afore o tienes tu cuenta individual en el sistema de pensiones mexicano. Pero si trabajas por tu cuenta como emprendedor o trabajas en un trabajo informal, realmente no estás ahorrando o no estás aportando al sistema de pensiones. Entonces, una tercera cuenta para estas personas que están trabajando fuera de un trabajo formal sería una excelente manera de comenzar a planificar para el futuro.

Luis Gonzalí, CFA: Claro. A ver, y es bien interesante eso que tocas, porque eso de dividir el dinero en cuentas, muchos te podrían decir: “Oye, eso no es eficiente”, porque tienes esta cuenta aquí, tienes esta cuenta allá. Pero no se trata de ser eficientes.

La naturaleza está llena de redundancias. La eficiencia, es algo que nos han vendido durante mucho tiempo y que no necesariamente… hay situaciones en las que no necesariamente son adecuadas. Y ve el ejemplo de la pandemia, por ejemplo: el mundo era eficiente, las cadenas de producción eran eficientes, ¿qué pasó cuando un eslabón falló? La cadena se cayó.

Entonces, tener redundancias es importante, sobre todo en las cosas que realmente valen la pena. Y voltea a ver tu cuerpo: el cuerpo típico de una persona tiene dos ojos, tiene dos pulmones, tiene dos riñones. Te falla uno, no pasa nada, tienes otro. A ver, ¿te baja tu calidad de vida? Sí, pero no te mueres. Las redundancias son parte de la naturaleza.

Entonces, tener un fondo para una cosa, otro fondo para otra, otro fondo para otra no es eficiente, digamos que, racionalmente hablando, pero evita que tengas un problema de liquidez.

Alejandro Vargas: Y evita también, por ejemplo, que, si se presenta una de estas eventualidades, uno de estos imprevistos, tengas que sacar de tu cuenta del ahorro para el retiro para poder atender ese imprevisto.

Luis Gonzalí, CFA: Que no es deseable para nada.

Alejandro Vargas: Que no es deseable, por supuesto.

Luis Gonzalí, CFA: Pues bueno, eso es consumo, ahorro e inversión. En el siguiente capítulo vamos a hablar de: “Ok, ya me convenciste, ya estoy ahorrando, ya tengo mi guardadito, ¿y ahora qué hago con él?”.

Vamos a dar una introducción a las inversiones. Pero bueno, lo primero es, como decías, el ahorro: una semilla de la inversión. Necesitas tener algo de capital para poder invertir.

Alejandro Vargas: Y más que nada poner orden en las finanzas. Teniendo ya estos conceptos claros de ingreso, gasto y ahorro, tener esa claridad para poder manejar nuestras finanzas de manera adecuada y entonces empezar a hacer estos espacios o estas bolsas para poder comenzar a invertir.

Luis Gonzalí, CFA: De acuerdo. Nos escuchamos la siguiente semana, en donde vamos a empezar a hablar ya un poquito de inversiones.

Alejandro Vargas: Venga. Gracias.

Luis Gonzalí, CFA: Gracias a ti.

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