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Las perspectivas económicas de Estados Unidos han quedado marcadas con una nueva letra escarlata: la K. Numerosos informes mediáticos advierten que el crecimiento estadounidense se ha bifurcado, que los hogares con mayores ingresos sostienen ahora el peso de toda la economía y que cualquier corrección en los mercados bursátiles podría hacer que todo el edificio se tambalee.

La llamada “tesis de la economía en forma de K”, en esencia, sostiene lo siguiente:  El consumo en Estados Unidos se ha dividido en dos segmentos: por un lado, los hogares más acomodados que continúan gastando libremente gracias a las ganancias en los mercados financieros, y, por otro, los hogares de menores ingresos que se ven obligados a reducir su gasto debido al elevado nivel de inflación y a los salarios estancados. Según este argumento, el crecimiento agregado depende ahora de forma estructurale de un segmento reducido de la población con gran riqueza en activos, lo que lo haría altamente vulnerable a cualquier corrección en los precios de las acciones. En mi opinión, esta narrativa es bastante engañosa: sobreestima en gran medida tanto el cambio en las tendencias de consumo como la fragilidad que de él se desprende.

Interpretar los datos

Lo primero que debe señalarse es que los datos subyacentes son inestables, incompletos y llegan con retraso.

Las conclusiones más alarmistas proceden de un informe de Moody's,1 que sostiene que el 10 % de los hogares con mayores ingresos concentra casi la mitad del gasto total de los consumidores,como resultado de una divergencia en forma de K que habría comenzado alrededor del 2020. Moody's llega a esta cifra a través de un camino bastante indirecto. El informe utiliza las variaciones en los activos y pasivos de los hogares reflejados en las Cuentas Financieras trimestrales de la Reserva Federal (Fed) para estimar el ahorro personal (con los últimos datos correspondientes al cuarto trimestre de 2025). Luego, el análisisutiliza datos de la Encuesta sobre las Finanzas del Consumidor (Survey of Consumer Finances)  para asignar los cambios en el ahorro y en la renta disponible personal a los distintos grupos de ingresos. La diferencia resultante se interpreta como consumo por grupo de ingresos.

Este enfoque presenta varias dificultades, empezando por el hecho de que la Encuesta más reciente sobre Finanzas del Consumidor data de 2022. Se trata de una construcción basada en modelos superpuesta a datos de una encuesta trienal y a supuestos de carteras mantenidos constantes. No es, por lo tanto, una lectura directa de lo que están comprando los hogares.

¿No existe una medida más directa del gasto de los consumidores?

Sí, la Encuesta de Gastos de los Consumidores del Bureau of Labor Statistics (BLS). Según esta fuente, la cuota de gasto del 10 % con mayores ingresos fue del 23 % en 2024, una cifra que se ha mantenido en líneas generales estable desde 2004.  No obstante, esta encuesta solo cubre aproximadamente el 60 % del gasto en consumo personal.  Para abordar esta limitación, el BLS ha comenzado a  vincularla a los datos de gastos en consumo personal (disponibles, por ahora, solo hasta 2023)2, obteniendo resultados prácticamente idénticos. Se considera que la Encuesta de Gastos de Consumo tiende a infraestimar el consumo de los hogares con mayores ingresos. Sin embargo, todo apunta a que esto ha sido así históricamente y, aun así, no muestra cambios en su cuota de consumo.

Las cifras del BLS no nos permiten saber qué ha ocurrido durante los últimos 18 meses. Sin embargo, Bank of America publica datos sobre el gasto con tarjetas de crédito y débito de sus clientes, lo que sí proporciona información adicional. Esta muestra limitada refleja una divergencia significativa entre los clientes de ingresos bajos, medios y altos a partir de mediados de 2025. Por su parte, los Indicadores Trimestrales de Heterogeneidad Económica del Banco de la Reserva Federal de Nueva York muestran una divergencia moderada en el gasto entre los hogares de ingresos bajos, altos y medios, que surgió en 2023 y se ha mantenido estable desde entonces.3 En ambos casos, más que una K, lo que observamos es una E inclinada al alza:  tres líneas que divergen brevemente y, a continuación, siguen trayectorias ascendentes ampliamente paralelas.

Gasto en EE. UU. por grupos de ingresos

2023-2026

Fuentes: «Liberty Street Economics». Análisis de Franklin Templeton Fixed Income Research. A 1 de mayo de 2026.

En conjunto, como concluye el Banco de la Reserva Federal de Minneapolis en un análisis de marzo de 2026, los datos disponibles «no se alinean para contar una historia clara en forma de K».4

La marea creciente que eleva a todos los barcos

¿Qué podemos concluir de este mosaico de datos? Existen indicios de una cierta divergencia reciente en los patrones de consumo. Resulta tentador relacionarlo con el aumento de los precios de los activos financieros y la elevada inflación, pero la evidencia no encaja tan claramente en términos de calendario. Los datos del BLS sitúan la cuota de consumo del 10 % de mayores ingresos en torno a una cuarta parte del total. Puede que esté infraestimada, pero ¿en un 100 %? Además, teniendo en cuenta que los datos del BLS muestran esta cuota prácticamente estable desde hace 20 años, parece poco plausible que se haya disparado de forma tan abrupta únicamente en los últimos 18 meses. 

 En consecuencia, las preocupaciones sobre la supuesta fragilidad de las perspectivas de consumo en Estados Unidos me parecen exageradas. En primer lugar, la divergencia observada parece modesta. En segundo lugar, los hogares acomodados cuentan, por definición, con un colchón financiero sólido; y es poco probable que una corrección en el mercado bursátil provoque un desplome en el consumo. Un análisis reciente del Banco de la Reserva Federal de Dallas, que utiliza una metodología similar a la de Moody's, revela una divergencia en el consumo entre hogares de rentas bajas, medias y altas de solo unos pocos puntos porcentuales desde la década de 1990. El estudio concluye que esto hace que la economía sea solo ligeramente más vulnerable a la disminución de los rendimientos de los activos financieros.5

En mi opinión, la narrativa de la economía en “forma en K” es profundamente engañosa y desvía la atención de un hecho muy importante: en el conjunto de Estados Unidos, los ingresos han venido aumentando de manera generalizada y de forma significativa.  El término «K» sugiere que, mientras los hogares «más ricos» han incrementado sus ingresos y su gasto, los hogares «más pobres» han sufrido una caída tanto de sus ingresos como de su consumo. Eso no es en absoluto lo que muestran los datos. Es cierto que los hogares situados en la parte alta de la distribución de ingresos han aumentado su porción del pastel, pero los ingresos han crecido de forma amplia en toda la población.  Esta es una distinción crucial, porque es necesario separar el problema de la desigualdad del de la resiliencia de la economía. La desigualdad es, sin duda, un problema importante en sí mismo. Pero cuando los ingresos de todos aumentan, la economía se vuelve más resistente, aunque algunos hogares se beneficien más que otros.

Un análisis reciente de Rose y Winship6 clasifica a los hogares en cinco categorías, con umbrales de ingresos reales definidos en relación con la línea de pobreza: pobres, clase media baja, clase media central, clase media alta y ricos. Se constata que entre 1979 y 2024, la proporción de hogares que pertenecen a las clases pobres o media-baja ha disminuido del 53,8 % al 34,5 %, mientras que la proporción de hogares en las clases media-alta o alta aumentó del 45,9 % al 61,9 %. La clase media alta ha sido el grupo que más ha crecido, con un aumento superior a 20 puntos porcentuales.  Los ricos se han hecho más ricos, pero también lo ha hecho el resto de la población, y esto confiere un elevado grado de resiliencia a la economía estadounidense.

Un claro ejemplo al respecto: La última encuesta sobre expectativas de los consumidores realizada por la Reserva Federal de Nueva York muestra que, desde principios de año, las expectativas de crecimiento del gasto para los hogares con ingresos inferiores a 50.000 dólares anuales han superado a las de los hogares con mayores ingresos.

Encuesta de la Fed de Nueva York sobre las expectativas de los consumidores Crecimiento del gasto de los hogares

2021-2026

Fuentes: Fed de Nueva York, Macrobond. Análisis de Franklin Templeton Fixed Income Research. A 6 de mayo de 2026.

En los últimos años, las predicciones sobre el colapso de la economía estadounidense han aparecido con creciente frecuencia. Y, sin embargo, como reconoció el presidente de la Fed, Jerome Powell, la economía estadounidense sigue mostrando una resistencia notable. Ha seguido avanzando a pesar de los sucesivos golpes: subidas de los tipos de interés, aranceles, cierres gubernamentales, conflicto entre Rusia y Ucrania, Irán. Ha superado suficientes choques reales como para pensar que es esbastante probable que también resista la que —en gran medida— plantean de forma hipotética los defensores de la teoría de la economía en forma de K.

En lugar de posicionarse ante un hipotético colapso en forma de K, considero que los inversores deberían seguir buscando oportunidades en una economía que sigue siendo desigual y volátil, pero mucho más resistente de lo que sugieren los titulares.



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